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COLEGIO AGUSTINIANO NUESTRA SEÑORA DEL BUEN CONSEJO

CARÁCTER PROPIO

 

PRESENTACION

Presentamos el documento que recoge el  CARÁCTER PROPIO o el IDEARIO de todo centro educativo agustiniano y por ello también el DEL COLEGIO AGUSTINIANO NUESTRA SEÑORA DEL BUEN CONSEJO nuestra Institución. Este Ideario está inspirado en el humanismo cristiano del rico pensamiento de san Agustín y en la tradición pedagógica plurisecular de la Iglesia Católica.

 

Es innegable que el elemento primordial de toda educación es la concepción de la persona que se pretende formar y que subyace a todo Proyecto Educativo.

La Iglesia “entiende que la calidad de su enseñanza está vinculada a la visión cristiana del hombre y del mundo, que le aporta la fe, y que está presente en todo el quehacer educativo del colegio, de tal manera que el alumno adquiera una verdadera síntesis de fe, cultura y vida” (Benedicto XVI).

Históricamente, la aportación de san Agustín a la concepción cristiana de la persona ha sido extraordinaria y de una singular relevancia en la vida cultural. Su itinerario intelectual y espiritual constituye un modelo válido también hoy en la relación entre fe y razón, tema esencial no sólo para los creyentes, sino también para quienes buscan la verdad.  Estas dos dimensiones, fe y razón, no deben separarse ni contraponerse, sino que deben estar siempre unidas. Como escribió san Agustín tras su conversión, fe y razón son "las dos fuerzas que nos llevan a conocer" (Contra los académicos, III, 20, 43).

 

Las numerosas referencias que su extensa producción escrita recogen sobre la persona humana, constituyen uno de los puntos de arranque de la oferta pedagógica contenida en este carácter propio.

San Agustín no reflexiona sobre un ser humano abstracto y desencarnado, sino que centra la mirada sobre sí mismo. Es entonces cuando desvela y narra la dramática experiencia de la búsqueda inquieta que ocupó su vida durante años. “Preguntaba a mi alma por qué estaba triste y por qué estaba tan confuso, y no sabía responderme nada”.(Conf. IV). 

A pesar de su debilidad radical, tiene hambre de Dios: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”(Conf.)  El proyecto humano pleno y total desemboca en Dios.

 

Se dice que la antropología agustiniana es religiosa porque san Agustín no sabe hablar de la persona sin hablar al mismo tiempo de Dios, “fin último del hombre”(GS). “Quien de veras busca su propia identidad, su formación integral, busca a Dios y quien de veras busca a Dios se encuentra a sí mismo”(EC). Esta conmovedora búsqueda, sólo admite un camino: la interioridad, que es uno de los puntos centrales para comprender el pensamiento agustiniano. Hay un espacio interior donde habita la verdad y hay un “ojo del corazón”(S.A), que equivale a percibir afectuosamente la realidad. Nunca la verdad será una conquista puramente intelectual porque “no se entra en la verdad sino por el amor”. El ser humano se mueve por amor y desde el amor, porque el amor es el peso del ama: “Mi amor es mi peso; él me lleva adonde soy llevado”. El amor cambia la vida y “sólo quien ama a Dios sabe amarse a sí mismo”.

 

Nos declaramos colegio católico y ofrecemos un estilo agustiniano de entender la educación, para que, cuantos se interesen en ella, unidos a nosotros, la hagamos realidad viva y operante. Estamos convencidos de que “el Evangelio con su fuerza y su vitalidad responde a los problemas fundamentales del hombre y contribuye a la articulación de la personalidad en su proceso de maduración”. (Benedicto VXI)

 

A los padres y madres de familia, de una manera especial y con el máximo respeto a sus deberes y responsabilidades; a los profesores y profesoras, alumnos y alumnas, personal no docente, personal de administración y servicios y a todos los colaboradores que trabajan con nosotros, presentamos y ofrecemos este nuestro estilo de educación, nuestro carácter propio.

 

 

 

I. PRINCIPIOS GENERALES

Nuestra oferta educativa se desarrolla a partir de los siguientes principios:

·         Todo niño tiene derecho a recibir educación

·         Los padres son los primeros educadores de sus hijos y tienen el derecho de elegir la educación que desean para sus hijos y el Estado ha de respetarla.

·         La Iglesia se hace presente en educación  a través de la escuela católica, creando un ambiente de la comunidad escolar animado por el espíritu evangélico de libertad y de caridad, ayudando a los niños y adolescentes para que en el desarrollo de la propia persona crezcan a un tiempo según la nueva criatura que han sido hechos por el bautismo, y ordenando, finalmente, toda la cultura humana según el mensaje de la salvación, de suerte que quede iluminado por la fe el conocimiento que los alumnos van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre”.

·         El  proyecto de la escuela católica sólo es convincente si es realizado por educadores testigos de un encuentro vivo con Cristo. Personas que se reconocen, por tanto, en la adhesión personal y comunitaria al Señor, asumiéndolo como fundamento y referencia constante de la relación interpersonal y de la colaboración recíproca entre educador y educando.

·         Educadores además que asumen el Proyecto Educativo de la escuela católica y este ideario del centro.

 

 

II. IDENTIDAD DE UN CENTRO EDUCATIVO AGUSTINIANO

Se basa en dos dimensiones complementarias:

·         Personal: En inquieta búsqueda de la verdad, por el camino de la interioridad, para llegar a la trascendencia. “Vuelve a tu corazón y desde él asciende a tu Dios. Si vuelves a tu corazón, vuelves a Dios desde un lugar cercano”.

 

·          Comunitaria: Que se concreta progresivamente en solidaridad-amor-fraternidad, porque “necesitamos de los demás para ser nosotros mismos”

 

·         Estas dos dimensiones presuponen la construcción de la propia personalidad,  la adaptación a los tiempos y la sensibilidad ante los problemas que por ser humanos, nunca podremos contemplar como ajenos.

·         El ser humano vive en una relación de libertades y de responsabilidades con los demás.

·         Ni la persona debe diluirse en la comunidad ni cabe esperar una comunidad humanamente enriquecedora si no está formada por personas crecidas. 

·         La calidad de nuestra relación con los demás, depende de lo que cada uno de nosotros seamos. 

·         Pueden surgir diferentes niveles de complejidad en esta relación persona-comunidad, pero no puede haber escisión entre ellas.

Según san Agustín se llega a ser persona desde la interioridad y desde la apertura a los demás que se traduce en amistad. La persona nace, crece y se constituye en referencia a la comunidad.  Sólo cuando el hombre vive la compasión, la solidaridad y el amor como pauta de relación con los demás seres humanos, puede llegar a intuir la presencia real y verdadera de Dios en el hombre Jesucristo.

El distanciamiento del prójimo o la inhibición ante nuestras responsabilidades históricas es un comportamiento moral que ciega nuestra posible apertura a Dios.

Ambas dimensiones caracterizan al centro educativo agustiniano por:

·         Un progresivo aprendizaje que conduce al conocimiento siempre creciente de toda la realidad, especialmente del hombre y de Dios.

·         Una sincera y noble apertura a todos los seres humanos para construir una sociedad más fraterna y solidaria.

 

Presuponen las siguientes actitudes:

·         Valoración positiva como persona, para que cada alumno y alumna emprenda con  honestidad el camino de la propia realización: “no andes mirando qué tienes, sino quién eres” – recuerda san Agustín –, y aceptación esperanzada de uno mismo como principio de superación: “Acepta tu imperfección, es el primer paso para lograr tu perfección”.

·         Capacidad de diálogo y aceptación mutua en un ambiente de libertad.

·         Cultivo del espíritu crítico como garantía de libertad frente a las opciones totalizadoras de la ciencia, de las ideologías o de la vida.

·         Voluntad de adaptación a los tiempos y de sensibilidad a los problemas de los demás.

·         Clima de cercanía y amistad que favorece el respeto a la persona en su ámbito concreto, abierta siempre a lo comunitario.

·         Vida de fe en Jesucristo, con el que se vive una singular historia de amistad.

·         Testimonio de la propia vida como base de toda pedagogía humana y cristiana.

·         La vida se nos ofrece como don y tarea apasionante de llegar a ser persona. Se trata, por tanto, de un proyecto que va más allá de la adquisición de una cultura y unas habilidades: “La ciencia debe emplearse como el andamiaje que ayuda a construir el edificio de la caridad, que permanece siempre, también cuando desaparece la ciencia”.

 

 

III. NUESTROS OBJETIVOS

 

COMO CENTRO EDUCATIVO

Como centro educativo aceptamos responsablemente  el compromiso de la educación.  Una tarea imposible sin un grupo de hombres y mujeres que no dudan el desplegar el equipaje de sus propias posibilidades y dedican su vida y vocación a servir de acompañantes a nuestros niños y jóvenes que se adentran en las etapas de crecimiento.

Educar es sacar a flote, transformar en realidad el mundo de las posibilidades, rescatar riquezas que pudiesen quedar ocultas. Es APRENDER A PENSAR lo que exige tareas como: OBSERVAR, PROCESAR, VALORAR, ENJUICIAR.

El pensamiento nos lleva a taladrar las apariencias y a desvelar la realidad. De allí que deseamos:

 

1.    Lograr la formación integral de la persona mediante el desarrollo armónico de todas sus potencialidades físicas, psicológicas, socioculturales, morales y trascendentes.

2.    Desarrollar las aptitudes personales, estimulando la libertad y la responsabilidad, el diálogo, la creatividad y la investigación científica.

3.    Fomentar valores de alcance universal como el respeto, la libertad, la paz y la convivencia.

4.    Educar progresivamente a los alumnos desde la realidad social, cultural y científica, en relación dialéctica con las formas de vida, costumbres y tradiciones de la sociedad en que se desenvuelven.

5.    Globalizar la mirada sobre la realidad e intentar marcos universales a la hora de enfocar los problemas o de tratar los grandes temas sociales. Cuando se contemplan situaciones de precariedad o de sufrimiento extremo, se achica el capítulo de las propias necesidades y exigencias.

6.    Afirmar de forma práctica que la interculturalidad representa un espacio moral de  encuentro humano y conlleva las exigencias morales de la libertad, el respeto y la    complementariedad.

7.    Crear hábitos de trabajo personal y en grupo con un marcado espíritu creativo, para afrontar las nuevas situaciones y poder participar en la transformación de una sociedad más humana.

8.    Favorecer la enseñanza personalizada para que nuestros alumnos sean ellos mismos los artífices de su propia educación.

 

COMO CENTRO EDUCATIVO CATÓLICO

Afirmamos a Dios y al hombre como compatibles y necesarios en nuestra escuela y en sintonía con el Magisterio de la Iglesia; empeñados en anunciar la salvación de Jesucristo, la dignificación del hombre y en la construcción de una sociedad más a la medida del sueño de Dios.

1.    Entender la acción educadora como “lugar de evangelización, de auténtico apostolado y de acción pastoral”, con una atención particular al desarrollo de los conocimientos, actitudes y procedimientos que configuran la competencia espiritual(INTERIORIDAD)

2.    Acoger a los alumnos en su realidad concreta, conscientes de que son reflejo de los modos de pensamiento y de vida imperantes. La indiferencia, la duda y hasta la incredulidad, son fenómenos comunes de toda la juventud contemporánea.

3.    Anunciar explícitamente la persona y el mensaje salvador de Jesús porque el alumno “necesita en su educación ejemplos, realizaciones y proyectos claros y positivos de sus aspiraciones más nobles como desarrollo de sus capacidades”.

4.    Ofrecer a los alumnos un tipo de Centro educativo que, además de garantizar un alto grado de competencia profesional, sea aula de evangelización porque abarca todas las dimensiones del ser humano –también la religiosa–, y sus educadores son testigos de los valores del espíritu y de la presencia de la Iglesia en el mundo de la cultura.

5.    Transmitir una educación cristiana que haga posible la experiencia personal y comunitaria de la fe e Impartir una enseñanza religiosa escolar de acuerdo con las orientaciones de la Iglesia católica.

6.    Formar a nuestros alumnos para que actúen en la vida, individual y colectivamente, según criterios y actitudes evangélicas.

7.    Acompañar en la fe y en la vivencia progresiva de la vida sacramental a los alumnos, profesores, padres de alumno, personal no docente y el personal de administración y servicios –en un marco de libertad religiosa–, sin olvidar la atención, el diálogo y el respeto hacia otras opciones religiosas distintas a la católica.

8.    Fortalecer y subrayar la importancia del Departamento de educación en la fe, verdadero núcleo dinamizador de las actividades que encarnan los valores cristianos, las grandes opciones definitorias del Centro y la educación moral de los alumnos en la doble dimensión personal y social. El Departamento de educación en la fe, por tanto, ocupa un lugar central en el organigrama escolar y vela por los programas de pastoral y las acciones explícitas encaminadas a impulsar el proceso dinámico y global de la evangelización.

 

COMO CENTRO EDUCATIVO AGUSTINIANO

San Agustín define a la persona como una vocación singular en constante conversión, una relación de libertades y responsabilidades, una pasión compartida.  Lo contrario es una vida quebrada, dispersa, confusa, entregada a la espontaneidad en soledad y desamparo.  Por eso necesitamos:

 

1.      Educar para el estudio, la reflexión y la interioridad con el fin de descubrir las verdades que aportan la ciencia y la técnica, y, con la ayuda de la gracia, encontrar la Verdad que  permanece.

2.    Conseguir un diálogo permanente entre fe y cultura para llevar a los alumnos a la  búsqueda de Dios desde la propia interioridad y en el proceso de adquisición de nuevos conocimientos. “No es el maestro quien ilumina con su luz el alma del alumno. Del mismo modo que alguien ilumina una casa abriendo sus ventanas, así el maestro – abriendo paso a la luz de la verdad –, hace que sea la propia verdad la que ilumine el alma del alumno”. Hablar de cultua o culturas (lo que el hombre crea y recibe) equivale a hacer un diagnóstico de nuestro tiempo, sus preguntas y sus problema más inquietantes.  Allí es donde se produce el encuentro fe y cultura.

3.    Desarrollar la dimensión humana de la interioridad como lugar privilegiado para la plena humanización y para descubrir a Dios. “Es al hombre interior a quien habla Dios. Los oídos, los ojos, los restantes miembros visibles son morada o el instrumento de alguien que mora en el interior”.  Desde la interioridad la existencia humana define como autoconciencia, búsqueda, encuentro, diálogo íntimo con uno mismo.

4.    Promover dentro de la comunidad educativa la espiritualidad de comunión que nos convierte a todos en condiscípulos, que compartimos una verdad que “no es mía, ni tuya, para que pueda ser tuya y mía”, unidos alrededor de Cristo, caminando hacia el Padre.

5.    Articular la máxima inclusividad y la adecuada flexibilidad del sistema educativo, de modo que sea posible una cultura comunitaria y de acogida como ejercicio de verdadera solidaridad y la atención real a los alumnos con necesidades específicas.

6.    Hacer del alumno una persona consciente de sus valores y metas pero nunca desvinculado de los demás, ya que en la relación con los otros se realiza y desarrolla su crecimiento en humanidad.

7.    Iniciar al alumno en la vivencia de la amistad como proceso de apertura a los demás y a la trascendencia.

8.    Cuidar la ecología educativa –clima humano, instalaciones materiales, decoración de las aulas…– de modo que los alumnos se sientan felices en su trabajo, en las relaciones con profesores, compañeros y compañeras, personal no docente y en todas las actividades de la vida del colegio.